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La
noche abrió la boca, de repente,
y se
tragó el racimo
de mis
uvas de octubre.
Desconcierto.
Una mano de hierro,
resuelta,
se abre paso.
hasta
el hondo latir de mis entrañas.
Las
toma y las retuerce.
Siento
sobre los hombros
el
abrazo burlón de mi derrota.
¿Por
qué forjé de sueños mi bandera?
Amanece
muy lento,
una
mañana gris, que no me mira;
hoy no
lleva el vestido
de los lazos azules y puntillas.
Densa
niebla cubrió el camino andado
y el
por andar se mece en el abismo
de esa
noche negra,
que me
robó el racimo…
de mis
uvas de octubre.
-1995-
-1995-