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¿Dónde olvidó la lógica su empeño?
¿Dónde la plenitud, el alma mía?
¿Vive o muere en fútil agonía,
mientras sigue la estela de su sueño?
¿Es vano, al fín, el rol que desempeño,
donde, al nacer se muere la alegría;
donde la espera es lema y triste guía;
do corona a lo grande lo pequeño?
Redondos, van girando los minutos,
mientras muestran, burlones, un escrito:
“¡Recuerda, no tenemos sustitutos!”.
Y mi ojos, mirando al infinito,
velando su fulgor oscuros lutos,
intentan separar verdad…y mito.