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Ya
la calima errante
se
pierde en la distancia,
allá,
sobre las cumbres
gemelas,
como hermanas.
Infantiles,
las sayas
oscuras,
de la noche.
Milenarias,
se arrugan
las
penas de mi alma.
¡Fusileros
perennes,
apuntad
vuestras armas!
¡aquí,
justo en la herida
que
en la agonía me atrapa!
¡Fusileros
perennes,
al sol, mil mariposas,
vuestras
ramas de agosto,
lucían,
de amor y plata!
Unas
fauces se yerguen
por
encima del tiempo.
Unas
garras oprimen
una
cometa blanca.